domingo, 5 de febrero de 2012

¿Por qué ser rico despierta envidias?

Leí un artículo que preguntaba "¿los españoles odian a los ricos?" y daba una serie de respuestas resumiendo que los españoles, al contrario de los norteamericanos, odian a los ricos.



En el fondo, no parece una cosa únicamente española, sino que, en general, creo que el caracter latino siente cierta aversión frente a los que han tenido más éxito que uno/a mismo, pero no siempre, me da la sensación que únicamente se tiene mucha envidia y hasta odio a aquellos ricos que:

- restriegan sus riquezas frente a los simples mortales sin ningún tipo de compasión
- son miserables y tacaños absolutos a pesar de nadar en la abundancia
- van de "sabelotodo"
- tienen pinta de "yuppies"
- el dinero les viene por herencia y no se lo han ganado "a pulso"

Sin embargo, nos encantan los millonarios discretos, que llevan una vida tranquila, que no van de listos, a quienes les gusta la filantropía, visten de forma correcta pero sin lucir marcas por todas partes y sobre todo, nos encanta que sean "self made man/woman", o lo que es lo mismo, que se lo hayan trabajado solitos con el sudor de su frente, o cómo decía el artículo: "admiramos a los que han sufrido mucho para ganar su dinero."
Es más fácil recordar y sentirse indentificado/a con figuras cómo Amacio Ortega y Rosalía Mera, fundadores del imperio de la moda Inditex que empezaron cosiendo batas de estar en casa,  o Emiliano Revilla, que pasó de tener una carnicería a vender jamones y embutidos por todo el mundo mediante las fábricas Revilla.


Aún recuerdo el día que conocí a Andreu Costafreda en el año 1992. Él explicaba con entusiasmo su vida, dándonos fuerza y ganas a unos entonces embobados estudiantes de ciencias empresariales. Costafreda, fundador de Panrico, quedó huérfano de padre a los 5 años y se estableció en Barcelona en el 1928 donde abrió su primera panadería. Recuerdo cómo nos explicaba que durante la guerra, su furgoneta de reparto fue destrozada varias veces por las bombas y aún así, siguió adelante con su negocio, por difícil que fuera.

Fue oyendo a Costafreda ese día cuando decidí que algún día yo también sería empresaria.
Quizás por eso nos gustan los ricos sufridores, porque nos acercan más el sueño de llegar a ser millonarios a nuestra propia realidad, porque nos hacen pensar: "si ellos pudieron a pesar de las dificultades, ¿por qué nosotros no?."





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